Hoy vamos a hablar del que, problablemente, sea el problema de humedad más extendido en nuestras casas (incluso en la de aquellos que, afortunadamente, no llegamos a tener un problema severo de humedad sino tan sólo uno puntual): la humedad que se genera en el cuarto de baño.

Tal y como venimos haciendo las últimas semanas de este crudo invierno, este nuevo artículo se encuadra dentro de la colección de “Trucos caseros para evitar la condensación” y, una vez más, el objetivo de estos consejillos es que tú mismo puedas reducir la cantidad de vapor de agua de tu casa, a la larga, el causante de los problemas de humedad por condensación.

El cuarto de baño

Es probable que el cuarto de baño sea el lugar más propenso a la condensación debido a que los baños, en especial la ducha con agua caliente, generan gran cantidad de vapor que fácilmente satura su atmósfera. Si a esto sumamos que, en la mayoría de las casas, somos varios los integrantes de una familia que tenemos que compartir baño, los índices de adición de vapor de agua al aire de nuestra casa se disparan.

En términos estadísticos, se puede afirmar que en el baño se puede generar del orden de 1.000 g de vapor de agua por hora.

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¿Cómo reducir la humedad yo mismo?

Si habéis venido leyendo los últimos posts con los consejillos para nuestras casas, ya os podéis ir haciendo una idea de por dónde van a ir los tiros. Lo ideal sería que en los baños contásemos con extractores, a ser posible correctamente dimensionados, para dar salida a todo el vapor de agua que se genera durante el normal uso de sus instalaciones. Por desgracia, lo que muchas veces debería ser lo normal está muy lejos de la realidad. Si tú eres uno de tantos que, con problemas de humedad en el baño, no cuentas con un extractor, deberías empezar a plantearte instalar uno.

Así, a bote pronto, existen muchos y muy distintos tipo de extractores. Tenemos extractores accionables mediante interruptor, que funcionan por tanto cuando nosotros lo decidimos, tenemos extractores de presencia, que se activan al detectar el movimiento por medio de un sensor, y tenemos también extractores higrorregulables (no confundir con los autorregulables), que funcionan dependiendo del grado de humedad interior. Cada uno de ellos es mejor que el anterior, pero ninguno excesivamente costoso y, desde luego, la mejor solución para un problema puntual de condensación en un baño.

Los típicos inconvenientes que presentan los extractores son dos: el ruido y el consumo. Afortunadamente, a día de hoy existen ya extractores de bajo consumo, que rondan los 7 watios. Estaríamos hablando de extractores que, si funcionasen las 24 horas del día, los 30 días del mes, nos supondrían un consumo de 1 euro al mes. Y en relación al ruido, existen también extractores que emiten una intensidad sonora del orden de los 30-35 decibelios, es decir, que durante el día apenas nos daríamos cuenta, y el inconveniente se reduce únicamente a la gente especialmente sensible de noche. En cualquier caso, tanto ruido como consumo se pueden regular a la hora de elegir el extractor: si por ejemplo somos esa persona a la que el más mínimo ruido nos cuesta conciliar el sueño, siempre podremos optar por un extractor de accionamiento manual.

Una vez instalado el extractor las instrucciones son las mismas que para la campana de la cocina: dedicación en el mantenimiento, que no cuesta tanto. Una limpieza de filtro sólo nos requiere un minuto muy de vez en cuando. Y si instalar un extractor fuese una opción que no nos pudiésemos permitir, siempre queda la alternativa gratuita y recurrente: la ventilación manual. Tocará ducharse con la ventana abierta y, nada más salir del baño, crear una corriente de aire que desaloje ese caudal de vapor de agua lo antes posible.

Y recuerda…

Si este artículo te ha resultado útil, no olvides que a lo largo de las próximas semanas iremos publicando los siguientes: