Hay casas que tienen problemas de humedades y hay edificios en que la humedad es su principal atractivo. Algo así se le debió de pasar por la cabeza a Zhou Songtao, presidente de la entidad china Guizhou Property Management.

La sede de la compañía se encuentra en el edificio Liebian International Plaza, un rascacielos de 121 metros de altura ubicado en Guiyang, capital de la provincia de Guizhou, en el sudoeste de China. Pretendiendo servir de reclamo corporativo y posicionando a la empresa como defensora de la imagen verde de la ciudad, el rascacielos fue diseñado con una cascada artificial situada en fachada a 108 metros de altura, tres metros por encima de su predecesora, la Torre Solar City en Río de Janeiro, en Brasil.

Este reto de la arquitectura moderna cuenta con un tanque de grandes dimensiones alojado en la parte inferior del rascacielos. Desde allí, cuatro bombas eléctricas elevan el agua hasta la cima de la cascada. A día de hoy, la cascada sólo ha sido puesta en funcionamiento seis veces, ya que el coste que exige su activación asciende a los 120 dólares por hora. Esta cascada se nutre a partir del agua de la lluvia que es almacenada de forma subterránea en los tanques, desde donde se catapulta gracias a cuatro bombas de 185 kilovatios de fuerza. Para activarlo se requieren dos horas de preparación. 

El edificio, que se encuentra todavía en construcción y albergará un centro comercial, oficinas y un hotel de lujo, es obra del estudio de arquitectura Ludi Industry Group, quienes detallan que la cascada rinde homenaje a la geografía de la región china, que cuenta con 18 caídas de aguas naturales en total, la mayor concentración en todo el mundo.

En cualquier caso, la extravagancia y la inversión que implica esta caída de agua han desatado las críticas de parte de la población china, que ven en la construcción un despilfarro de recursos hídricos y económicos.