La respuesta corta es no. Un deshumidificador rara vez es nuestra mejor alternativa frente a un problema de humedad.

Lo primero que hay que saber

En primer lugar, hay que aclarar que existen muchos y muy distintos tipos de humedades que pueden afectar a una vivienda. El deshumidificador está concebido solamente para combatir uno de ellos: la humedad por condensación. Por eso, el primer paso siempre debe ser cerciorarnos de cuál es el tipo de humedad que nos afecta. Si nuestro problema de humedad en paredes, techos u otro lugar fuese distinto de la condensación, el deshumidificador ya no tendría sentido por sí mismo.

Qué es la humedad por condensación

La humedad por condensación se produce por un exceso de vapor de agua en el ambiente que, en contacto con superficies especialmente frías, condensa, es decir, deja de ser vapor de agua y se convierte en agua en estado líquido. En este enlace encontraréis una explicación detallada pero entendible sobre la humedad por condensación. Esta es la humedad que desemboca normalmente en ventanas mojadas, manchas negras en la pared, ropa estropeada y, en general, un ambiente cargado en la vivienda.

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Cómo funciona un deshumidificador

El funcionamiento de un deshumidificador consiste en procesar el aire de una estancia, de forma que el agua contenida en este aire quede retenida en su interior. Como consecuencia, el deshumidificador devuelve un aire más seco, con menor cantidad de vapor de agua, ya que esta agua ha precipitado en un depósito que nosotros manualmente debemos vaciar cuando se acerque al límite de su capacidad.

En resumidas cuentas, el deshumidificador cuenta en su interior con una pieza muy muy fría, que pretende ser la superficie más fría de la habitación. De esta forma, el primer lugar en que el aire tenderá a condensar es en contacto con esta pieza y dentro del deshumidificador, evitando así condensar en otras superficies y generarnos un problema de humedad.

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Por qué el deshumidificador no es una solución a la humedad

Conceptualmente, el deshumidificador no evita que la humedad del aire condense, sino que se limita a redirigir la condensación para que se produzca en su interior. Digamos que, en vez de evitar que el aire contenga demasiada humedad, se limita a asumir que es inevitable y que ese aire con exceso de humedad va a acabar condensando. Bajo esta premisa, el deshumidificador no evita la condensación, sino que la redirige hacia su interior, de forma que el primer lugar en que el exceso de humedad condense sea en su interior y no en cualquier otro punto de la habitación.

Cuál es el problema del deshumidificador

El problema de esta “solución” es que el deshumidificador tiene una capacidad limitada y, en el momento en que haya alcanzado el límite de su capacidad, el aire con exceso de humedad seguirá condensando en las restantes superficies frías, ya que en ningún momento hemos evitado el exceso de humedad del ambiente.

Además, la capacidad de captación de aire desde el deshumidificador va perdiendo eficacia a medida que lo reubicamos en estancias más grandes. En un pequeño vestidor podría lograr captar aire de todos los rincones, pero en habitaciones mayores, su radio de acción va perdiendo efecto a medida que aumenta la distancia. Es decir, el deshumidificador podría resultar recomendable en estancias pequeñas con un porcentaje de humedad no demasiado elevado, pero si la humedad es alta o la habitación es grande, la eficacia queda en entredicho.

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Cuál sería la solución correcta

Para solucionar un problema de humedad por condensación lo ideal sería evitar que se produzca, ya sea en el interior del deshumidificador o fuera de él. Si logramos rebajar la humedad del aire lo suficiente como para que no se produzca la condensación, no será necesario un deshumidificador ni tampoco el aire condensará en otras superficies.

La forma más efectiva de lograr que el aire interior de nuestra vivienda tenga poca cantidad de agua, es decir, poca humedad en su composición, es mediante la ventilación. Una corriente de aire que permita la entrada de aire desde el exterior (que normalmente contiene menos cantidad de agua) y, a su vez, permita la salida del aire interior (que tiene demasiada agua en su composición), estará reduciendo las posibilidades de sufrir un problema de humedad por condensación.  En ocasiones, la simple apertura combinada de puertas y ventanas logrará generar una corriente de aireación suficiente para evitar el problema. En otros casos, deberemos recurrir a sistemas específicos de ventilación que se adecúen a nuestro caso concreto, según la naturaleza, magnitud y localización de la humedad.

Si quieres comprobar por ti mismo en qué medida puedes evitar el problema, aquí os enlazamos a diferentes artículos con pequeños trucos para evitar por ti mismo la humedad por condensación. Y para aquellos casos en que la ventilación natural resulte insuficiente, siempre puedes solicitar una consulta particularizada para buscar la solución que mejor se ajuste a tu vivienda.