¿Qué son?

El alero, genéricamente, es la parte inferior del tejado, que vuela con respecto a la fachada y sirve para desviar de ella las aguas llovedizas. Dentro de la clasificación que estamos haciendo, la filtración de agua por el alero del tejado quedaría englobada dentro de patologías con origen en el tejado, cuestión esta que abordaremos en futuros posts.  En esta ocasión nos referimos, sin embargo, al alero de la fachada, un elemento constructivo tal vez menos conocido por tener un uso menos frecuente en el sector de la construcción.

El alero de una fachada es la prolongación del plano de cualquier forjado del edificio, sobrepasando en voladizo el plano de fachada. Para entendernos, podríamos asimilarlo a un balcón que sobresale en voladizo de la fachada, pero generalmente de menores dimensiones y no transitable.

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Por su parte, la cornisa es un elemento saliente de la fachada que tiene fines estéticos y que, a diferencia del alero, no tiene por qué corresponderse con el plano de forjado. En la arquitectura moderna, las cornisas conjugan su finalidad decorativa con la protección frente a los rayos del sol, sirviendo para regular el aporte de luz natural dependiendo de la orientación de la fachada.

¿Cómo y por dónde entra el agua?

Como siempre decimos, en elementos bien ejecutados no va a haber puntos de entrada de agua, el problema lo tendremos sólo como consecuencia de no haber hecho bien las cosas.

Tanto en aleros de fachada como en cornisas, el defecto de construcción más habitual es la incorrecta inclinación hacia el exterior. Al igual que ocurría con otros elementos constructivos como los vierteaguas, si la pendiente es demasiado pequeña, el agua babea por la cara inferior de la cornisa o alero, pudiendo dar lugar a filtraciones de fachada. Por ello, el goterón es al igual que en el caso del vierteaguas, un elemento esencial para impedir que  el agua penetre en la vivienda.

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El otro error generalizado en la ejecución de estos elementos es la impermeabilización de sus caras superiores. Las caras superiores de las cornisas afrontan una exposición directa a los episodios de lluvia, por lo que exigen una correcta impermeabilización para evitar que el agua acceda a las viviendas circulando por el interior de la propia cornisa. Si bien la impermeabilización acostumbra a ser eficiente, no podemos decir lo mismo de los encuentros de estas impermeabilizaciones con la fachada. Los remates contra la fachada son puntos de especial atención durante la ejecución de la cornisa o el alero, pues cualquier error en el solapamiento supone una vía de acceso al agua que, a posteriori, resulta difícilmente localizable y costosa de reparar.

Con una problemática muy similar, cabe citar los puntos de anclaje de cualquier elemento accesorio a la fachada. Si, por ejemplo, durante la ejecución se decide empotrar una barandilla en algún plano horizontal que presente la fachada (como por ejemplo, un alero de fachada), debemos cerciorarnos de que cada punto de anclaje se ejecute correctamente.  Estos anclajes pueden perforar impermeabilizaciones de capas ya ocultas, además de suponer en sí mismos puntos sensibles a la entrada de humedad, en caso de no estar bien sellados.

¿Cómo deberían hacerse?

Evitando todas las malas praxis que hemos descrito, conseguiremos cornisas y aleros bien ejecutados. Aquí os dejamos las prescripciones que fija el Código Técnico de la Edificación que, de un modo menos atractivo para el lector, nos hace saber las disposiciones legales en vigencia:

“Anclajes a la fachada: Cuando los anclajes de elementos tales como barandillas o mástiles se realicen en un plano horizontal de la fachada, la junta entre el anclaje y la fachada debe realizarse de tal forma que se impida la entrada de agua a través de ella mediante el sellado, un elemento de goma, una pieza metálica u otro elemento que produzca el mismo efecto.

Aleros y cornisas: Los aleros y las cornisas de constitución continua deben tener una pendiente hacia el exterior para evacuar el agua de 10º como mínimo y los que sobresalgan más de 20 cm del plano de la fachada deben

  • a) ser impermeables o tener la cara superior protegida por una barrera impermeable, para evitar que el agua se filtre a través de ellos;
  • b) disponer en el encuentro con el paramento vertical de elementos de protección prefabricados o realizados in situ que se extiendan hacia arriba al menos 15 cm y cuyo remate superior se resuelva de forma similar a la descrita en el apartado 2.4.4.1.2, para evitar que el agua se filtre en el encuentro y en el remate;
  • c) disponer de un goterón en el borde exterior de la cara inferior para evitar que el agua de lluvia evacuada alcance la fachada por la parte inmediatamente inferior al mismo.

En el caso de que no se ajusten a las condiciones antes expuestas debe adoptarse otra solución que produzca el mismo efecto. La junta de las piezas con goterón deben tener la forma del mismo para no crear a través de ella un puente hacia la fachada.”

Conclusión

Como podréis haber ido deduciendo, los defectos de ejecución más comunes en una fachada con problemas de humedad se deben normalmente a pequeños detalles muy sencillos de prevenir en obra mediante una correcta ejecución, pero de difícil resolución en caso de tratarse de una fachada ya terminada. Por suerte si este es vuestro caso, en Hume Ingeniería encontramos soluciones a cualquiera que sea el caso ¿quieres que estudiemos el tuyo?

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