¿Qué es?

El antepecho de una fachada es su parte más alta, la coronación de la fachada, generalmente en forma de barandilla o murete perimetral que salvaguarda la cubierta del edificio.

Normalmente, sobre este murete se dispone un remate conocido como albardilla, que viene siendo una protección de la cara superior del murete con el objetivo de impedir el paso de la lluvia y desalojarla hacia el exterior.

Las dos premisas básicas a la hora de diseñar estos elementos son:

  1. Dentro de lo posible, la albardilla debe disponerse con voladizo, para que al desalojar el agua esta discurra suficientemente alejada del plano de fachada.
  2. La inclinación debe garantizar la evacuación del agua a suficiente velocidad, pues si discurre demasiado despacio tenderá a babear retornando hacia la fachada por la cara inferior del remate.

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¿Cómo y por dónde entra el agua?

Como decimos siempre, en elementos bien ejecutados no va a haber puntos de entrada de agua, el problema lo tendremos sólo como consecuencia de haber hecho una chapuza.

Normalmente, la causa de humedades de esta índole es un remate mal ejecutado. Por ejemplo, si el remate superior de la fachada no vuela lo suficiente con respecto al plano de fachada, el agua podría resbalar directamente por toda la fachada. Otro ejemplo: si la inclinación de la pieza de remate fuese menor de lo estipulado, el agua saldría con muy poca velocidad, por lo que en vez de salir despedida hacia el vacío acabaría babeando por su cara inferior, rumbo a la fachada. Para prevenir este efecto, al igual que explicábamos en el diseño de los vierteaguas, el remate debe disponer de un goterón o muesca que impida al agua continuar babeando por efecto de la tensión superficial.

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Por último, pero no menos importante, otra de las causas frecuentes de filtración en una fachada es el ausente o deficiente sistema de impermeabilización. Si nuestra fachada está constituida por materiales porosos se encontrará expuesta a filtraciones de la lluvia. Muchas veces, las filtraciones no se producen por las piezas que constituyen la fachada propiamente (ladrillo cara vista, piedra natural, bloques prefabricados…) sino que son las juntas de mortero entre estas piezas las que, debido a la porosidad del mortero que constituye la junta, suponen una fácil vía de acceso para el agua.

¿Cómo deberían hacerse?

Evitando todas las malas praxis que hemos descrito conseguiremos un antepecho bien ejecutado. Aquí os dejamos las prescripciones que fija el Código Técnico de la Edificación que, de un modo menos atractivo para el lector, nos hace saber las disposiciones legales en vigencia:

“Los antepechos deben rematarse con albardillas para evacuar el agua de lluvia que llegue a su parte superior y evitar que alcance la parte de la fachada inmediatamente inferior al mismo o debe adoptarse otra solución que produzca el mismo efecto.

Las albardillas deben tener una inclinación de 10º como mínimo, deben disponer de goterones en la cara inferior de los salientes hacia los que discurre el agua, separados de los paramentos correspondientes del antepecho al menos 2 cm y deben ser impermeables o deben disponerse sobre una barrera impermeable que tenga una pendiente hacia el exterior de 10º como mínimo. Deben disponerse juntas de dilatación cada dos piezas cuando sean de piedra o prefabricadas y cada 2 m cuando sean cerámicas. Las juntas entre las albardillas deben realizarse de tal manera que sean impermeables con un sellado adecuado.”

Conclusión

Como podréis haber ido deduciendo, los defectos más comunes en los antepechos se deben normalmente a pequeños detalles muy sencillos de prevenir en obra con una correcta ejecución, pero de difícil resolución en caso de tratarse de una fachada ya terminada. Por suerte si este es vuestro caso, en Hume Ingeniería encontramos soluciones a cualquiera que sea el caso ¿quieres que estudiemos el tuyo?

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