La humedad por condensación es uno de los tipos de humedades más extendido en las viviendas. Uno de los síntomas típicos de esta humedad es el de las ventanas empañadas, en ocasiones incluso realmente mojadas, chorreando agua a primera hora de la mañana. En algunos hogares la primera tarea del día consiste en secar con una toalla los cristales o las paredes, especialmente en los meses de invierno. Decimos vulgarmente que las ventanas sudan o que los vidrios lloran, en realidad, estamos ante un problema de humedad por condensación.

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¿Qué es la condensación?

Lo primero que conviene aclarar es que la humedad por condensación es un problema con origen en el interior de la vivienda. No se trata de agua de la lluvia ni agua que proceda del exterior, sino que es un fenómeno que se forma en el interior de la vivienda. Más concretamente, se forma cuando el vapor de agua del aire sufre un cambio de estado y se convierte en agua líquida.

Este fenómeno conocido como condensación se produce por contacto entre el aire, que tiene un exceso de humedad en su composición, y una superficie a temperatura fría, sobre la cual el vapor de agua se convierte en agua líquida. Igual que cuando sacamos una botella fría de la nevera y a su alrededor se empiezan a formar gotas de agua. La explicación científica, pero contada de una forma entendible, la encontraréis en el siguiente enlace Qué es la humedad por condensación. Explicación para profanos. El ejemplo más intuitivo es el de los azulejos empañados en el baño durante una ducha, o en la cocina mientras cocinamos. En el fondo, se trata de lo mismo: el exceso de vapor del aire se ha transformado en agua al entrar en contacto con una superficie fría.

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En el caso de las ventanas, es habitual que la condensación se manifieste a primera hora de la mañana. Esto ocurre porque durante la noche se maximizan los dos factores que favorecen su aparición: por un lado, de noche bajan las temperaturas fuera, provocando que las ventanas y las paredes exteriores estén más frías; por el otro lado, en el dormitorio estamos una media de 8 horas durmiendo, con las ventanas (y a veces las puertas) cerradas, lo que se traduce en 8 horas emitiendo vapor de agua a la atmósfera mediante la respiración, sin que este vapor tenga otra forma de disiparse que el aire y su consecuente condensación.

¿Qué nos proponen para solucionar la condensación?

A menudo, la solución que nos proponen los especialistas pasa por cambiar las ventanas. Recurriendo a ventanas con un mejor aislamiento, ventanas con RPT (rotura de puente térmico) o ventanas de plástico, pretendemos evitar la condensación y eliminar el problema para siempre. En realidad, esta medida lo que consigue es aumentar la temperatura de la superficie de las ventanas, ya que transmiten peor la temperatura del exterior a través de la propia ventana, por lo que el aire interior ya no estará en contacto con una superficie tan fría. El objetivo es disminuir las probabilidades de condensación.

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¿Dónde está la trampa?

El cambio de ventanas por otras con mejor aislamiento, en realidad, puede llevarnos incluso a empeorar nuestro problema. En aquellos casos en que la condensación se produzca a causa de que la ventana esté excepcionalmente fría, el aislamiento de la ventana sí puede resolver el problema. En cambio, en aquellas condensaciones en las que el problema resida en que el aire tenga un elevado índice de humedad, lo que conseguiremos será desplazar el problema.

Cuando la humedad de la vivienda es demasiado alta, el cambio de ventana únicamente logrará reforzar la temperatura de esta superficie, pero el aire seguirá conteniendo un exceso de vapor que buscará otra superficie en la que condensar. Por eso, a menudo ocurre que tras un cambio de ventanas, surge la condensación en zonas donde antes no lo hacía. Esto es porque antes del cambio, el aire condensaba en contacto con la superficie más fría, que era la de las ventanas, pero tras el cambio, el aire condensa en contacto con la siguiente superficie fría, que puede ser cualquier otra de la misma estancia. El resultado es que nos habremos gastado un dinero en tener unas ventanas mejores, pero el problema de la condensación seguirá presente trasladado a otras superficies.

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La solución

En estos casos, la solución pasa por un sistema que logre reducir el índice de humedad del aire, con independencia de la temperatura de las superficies cercanas. Si logramos que el aire tenga muy poca humedad, no se producirá condensación en las ventanas pese a que su temperatura sea baja, pues no habrá vapor de agua susceptible de llegar a condensar.

Reducir la humedad ambiente pasa normalmente por instalar un equipo de ventilación adecuado a las necesidades de nuestro problema. La propuesta será muy distinta dependiendo de los índices de humedad y, sobre todo, del uso de la estancia. No será lo mismo plantear la ventilación de una vivienda entera, que la de una única habitación. Del mismo modo, tampoco será lo mismo plantear la ventilación de una cocina o un baño, que plantear la ventilación de un dormitorio o un salón. Habrá variables a tener en cuenta como el precio, la fiabilidad, el ruido, el consumo… Existen muchas y muy variadas opciones, y sólo conociendo exactamente lo que queremos conseguir podremos optar por la solución más adecuada.