La impermeabilización de terrazas es una tarea muy delicada que requiere un cierto grado de especialización. Hoy en día, cualquier empresa nos oferta soluciones supuestamente maravillosas, avaladas siempre por el fabricante de sus respectivos productos. Como clientes exigentes que debemos ser, es conveniente conocer de antemano la importancia de los dos factores más importantes a la hora de dejarnos convencer: la elección del material adecuado y la meticulosidad en el momento de la ejecución. Si estás pensando en impermeabilizar tu terraza, a modo de resumen, te resultarán de interés las siguientes pautas en la toma de decisiones.

Conocer  el estado actual

La mayoría de impermeabilizaciones de terraza nacen del colapso de la impermeabilización anterior. Rara vez nos decidimos a impermebilizar una terraza a menos que esté dando problemas y esté entrando el agua. Es entonces, a contrarreloj, cuando nos preocupamos de realizar la reparación lo antes posible.

Para valorar adecuadamente las distintas posibilidades, debemos conocer una serie de parámetros que condicionarán la impermeabilización más adecuada para nuestra terraza. Será muy importante examinar el estado de la impermeabilización previa, determinar sus materiales y los puntos en los que está fallando la impermeabilización, el estado en que se encuentra el pavimento, la limpieza, la planeidad, la conexión de los sumideros…  En definitiva, se trata de valorar los trabajos previos que habría que realizar para colocar el nuevo sistema de manera adecuada.

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Uso de la terraza

La elección de la impermeabilización dependerá en gran medida del uso que se le vaya a dar a la terraza. No será lo mismo reparar una cubierta no transitable, a la que sólo se accede para labores de mantenimiento, que reparar una azotea a la que tienen acceso todos los vecinos a diario, para llevar a los niños a jugar o para tender la ropa.  Los materiales a utilizar deberán ser unos u otros en función de los usos a los que se destine el espacio.

Los puntos singulares

Más allá de la solución constructiva que se adopte, debemos estar especialmente atentos a la ejecución en los puntos singulares. Impermeabilizar grandes superficies llanas, sin obstáculos, no presenta ninguna complejidad. En cambio, estadísticamente el problema lo tendremos siempre en los llamados puntos singulares. El 90% de los fallos de ejecución en la impermeabilización de una cubierta se dan en estos puntos (sumideros, desagües, márgenes perimetrales, encuentros entre paramentos, etc…). Debemos conocer y cuantificar los puntos singulares de la terraza, así como su comportamiento con la impermeabilización previa, para determinar en qué medida se trata de superficies conflictivas. El éxito de una buena impermeabilización dependerá en gran parte de identificar los puntos singulares y resolverlos con acierto.

La pendiente

Siempre debemos comprobar el estado de la pendiente y su correspondencia con los sumideros. Una cubierta con pendientes insuficientes tendrá más probabilidades de fallo que una cubierta con pendientes adecuadas, independientemente del material de impermeabilización que utilicemos. En todos aquellos puntos en que el recrecido bajo la plaqueta no logre hacer correr el agua, se formarán balsas de agua, lo que aumenta el riesgo de filtraciones a través de la terraza.

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El aislamiento térmico

Un punto que muchos constructores suelen dejarse en el tintero y que resulta muy importante es el aislamiento térmico, al tratarse de una actuación complementaria a la impermeabilización. Los edificios de hace unos años no tenían en cuenta el aislamiento térmico de las cubiertas, por lo que la mayoría de las terrazas antiguas carecen de aislamiento térmico.

En la actualidad es habitual aprovechar una actuación sobre la azotea del edificio para mejorar el aislamiento térmico, pero hay que tenerlo en cuenta a la hora de elegir el tipo de impermeabilización, para integrar estos trabajos en el sistema que se escoja para la impermeabilización, el pavimento y, en definitiva, para el resto de la cubierta. Una vez metidos en obra, es muy recomendable contemplar una inversión integral y mejorar el aislamiento térmico del edificio.

Las condiciones de ejecución

Dependiendo del material escogido para la impermeabilización, debemos tener en cuenta las previsiones meteorológicas en la localidad de actuación. Las soluciones químicas, por ejemplo, exigen una absoluta ausencia de precipitaciones, además de unas determinadas condiciones de temperatura y humedad del aire. Los morteros impermeables pueden, en general, aplicarse en condiciones menos exigentes, siempre y cuando la lluvia no provoque el arrastre del material y haga inútiles las horas de trabajo. Para soluciones mecánicas, la meteorología no es un condicionante relevante, más allá de poder garantizar la seguridad de los trabajadores.

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En definitiva, para cada terraza es preferible optar por una impermeabilización determinada, motivada por los distintos condicionantes que hoy hemos tratado de resumir. No existe un material mejor que otro, sino materiales que se adapten mejor a nuestra terraza y a nuestras necesidades. Por eso lo importante es conocer cuáles son nuestras necesidades. Si tienes dificultades a la hora de decantarte por un tipo de impermeabilización para tu terraza, nosotros podemos ayudarte. Pídenos asesoramiento sin compromiso y conoce cuáles son los factores que debes tener en cuenta en tu caso concreto.