La humedad por capilaridad es un problema con muchas y muy distintas soluciones. Dependiendo de la naturaleza y los condicionantes de cada humedad podremos optar por una solución u otra, para lo cual, debemos conocer las diferentes posibilidades que existen en el mercado. Pretendiendo recopilar la mayoría de estas soluciones a la humedad, hoy vamos a incidir en las barreras impermeables químicas.

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Las barreras químicas antihumedad pretenden impedir el ascenso de la humedad obturando el recorrido por el que el agua circula. El objetivo es eliminar o reducir la porosidad de los materiales a base de rellenar los poros con sustancias repelentes al agua, impidiendo así que los muros sean capaces de succionar el agua, pero permitiendo el paso del vapor de agua para su difusión.

Los métodos más extendidos son los compuestos a base de siliconas, que disminuyen la tensión superficial de los capilares del muro, evitando así la ascensión. Es importante reseñar que estos procesos no pretenden una saturación completa de los poros, pues no se basan en colmatar los posibles caminos para hacer de barrera, sino que únicamene pretenden invertir la tensión en los recorridos, de forma que la propia física de la naturaleza hará imposible el efecto ascensional.

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Existen también otros métodos químicos que sí intentan completar la obturación absoluta de los poros a base de productos mineralizadores, como son los silicatos y los silicanatos; los primeros crean una franja repelente al agua y el segundo caso hace una auténtica barrera que impide su paso. En estos procedimientos, sí cobra importancia el relleno de cada poro, para eliminar todos los posibles recorridos de la humedad.

Sistema Peter Cox: es una variante de la barrera química por difusión. Consiste en crear en el interior del muro una barrera capaz de rechazar la humedad ascensional, para lo que se usa una sustancia inodora, exenta de disolventes y sustancias inflamables, rica en siliconatos que en contacto con el CO2 de la atmósfera genera siliconas. Estas siliconas rellenan la red capilar del muro constituyendo una barrera hidrorrepelente.

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Al ser la presión hidrostática de la substancia transfundida mayor que la presión hidrostática del agua ascendente, el agua es expulsada aunque ya se haya infiltrado en los poros. De esta manera, la barrera generada afecta a la estructura interna del muro colmatándose sus capilares, que son los conductos de subida. El sistema es permanente en el tiempo y resiste bien los cambios de temperatura y envejecimiento.

La aplicación de este sistema se realiza efectuando perforaciones de 27 mm de diámetro, equidistantes a unos 15 cm y a una altura del suelo de 20 cm. La profundidad vendrá determinada por el espesor del muro. En cada orificio se instala el aparato transfusor, que contiene los silicanatos, permaneciendo conectado el tiempo necesario hasta que rebose por otros orificios que se dejan como testigos, o hasta que los orificios no admitan más producto. Una vez finalizado el proceso se retiran los aparatos y se sellan los orificios.

El inicio de la barrera impermeable se produce de forma definitiva tras la extracción de los difusores y debe continuarse con lecturas periódicas del grado de humedad del muro, para verificar la idoneidad del sistema.  La ventaja de este método es que es irreversible en el tiempo, no tiene un coste excesivo y no afecta a la estabilidad del muro.

Inyecciones a baja presión: para este método se realizan en el muro perforaciones de 15 mm de diámetro a tresbolillo, a una altura de unos 30 cm sobre el nivel exterior y a una distancia de entre 15 y 30 cm, en función del grado de humedad y de las características de los materiales del muro. Estas perforaciones tendrán una inclinación hacia el interior de entre 15 y 20º, alcanzando una profundidad de 2/3 del espesor del muro.

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El depósito de la mezcla de siliconas se coloca a unos 60 cm por encima de la línea de inyección y se conecta con cada uno de los orificios mediante tubos de goma. El proceso se da por terminado cuando aparece una mancha del líquido en el lado opuesto al de la inyección, lo que significa que la red capilar del muro está saturada.

Inyecciones a presión: este método facilita la expulsión de agua de los capilares por efecto de la presión, pero debe de hacerse únicamente en fábricas de ladrillo macizo o mampostería que no presenten oquedades grandes, para no realizar rellenos inútiles.

En las fábricas de ladrillo se realizan taladros de 10 mm de diámetro y 10 cm de profundidad cada 15 cm, a una altura del suelo de entre 30 y 40 cm. Se inyecta a continuación el compuesto hasta la saturación. A continuación, se tapona cada orificio y se vuelve a taladrar hasta la profundidad de 20 cm, volviendo a inyectar, y así sucesivamente hasta alcanzar el espesor medio del muro. En el caso de tratarse de muros de piedra las perforaciones deben realizarse cada 20 cm, en dos líneas horizontales paralelas y separadas a su vez entre 15 y 20 cm. La profundidad vendrá determinada por el espesor del muro.

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Los métodos mediante barreras químicas impermeables son, tal vez, los más extendidos para eliminar la humedad por capilaridad. Pero esto no significa que sean los únicos ni tampoco los mejores. Pinchando en este enlace podrás conocer otros métodos para acabar con la humedad por capilaridad.