Inmersos todavía en la que está siendo una fuerte crisis económica, el mundo entero mira con recelo la inversión de cada euro de su bolsillo. Estamos en el ecuador del año 2015 y todavía no sabemos si empezamos a salir de la crisis o estamos más dentro de ella que nunca. El ahorro es la máxima bajo la que se escribe nuestro día a día, y la construcción ha sido, y será por un tiempo, uno de los sectores fuertemente damnificados en este escenario.

Dentro de este marco de estrecheces, cobra especial relevancia un asunto del que todos estamos oyendo hablar últimamente: el ahorro energético. El gobierno ha ido publicando nuevas disposiciones legales para regular esta materia, y conceptos como el certificado energético de un edificio están hoy a la orden del día.

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¿A dónde conduce el ahorro energético?

El ahorro energético está encaminado a reducir los costes del ciudadano de a pie, marcando las pautas de la que será una inversión previa inteligente. Una disposición legal que nos obligue a invertir dinero en nuestra vivienda para hacerla energéticamente sostenible significa que, aunque ahora me esté suponiendo un coste a corto plazo, esa inversión se amortizará con el paso de no demasiado tiempo, ya que la rentabilidad del nuevo sistema compensará el coste inicial. Sistemas hay muchos, cada uno con sus costes y rentabilidades asociados, así que resulta imperativo un análisis de cada caso para decidir qué nos conviene.

En esta línea de mejoras energéticas se prevé que avance la construcción a corto plazo. Seamos realistas, no hay dinero para hacer obras nuevas, así que no queda más remedio que retocar las que ya hay y, puestos a ello, consigamos mejoras que nos permitan ahorrar dinero.

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Esta será la pauta por la que se rija el sector de la construcción para sobrevivir, siempre dentro de la rehabilitación y restauración de edificios (toda vez que no hay dinero para ejecutar obra nueva) y tratando de dotar a las viviendas ya existentes de sistemas y tecnologías que supongan una mejora en sus prestaciones. Eso sí, una mejora que conlleve un importante valor añadido: el ahorro de euros con el paso del tiempo.

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El certificado energético

La certificación de eficiencia energética de un edificio es el proceso en el que se comprueba cuánto consume una vivienda en condiciones normales. El objetivo es poder cuantificar el consumo actual para estimar el consumo futuro. Estos cálculos se reflejan en lo que conocemos como certificado energético, que en realidad es un documento que viene a decirnos dos cosas:

  1. Por un lado nos estiman el coste que afrontaremos en los años sucesivos. Computando la calefacción, aire acondicionado, agua caliente sanitaria y demás instalaciones de la vivienda, podremos hacernos una idea bastante aproximada de los euros que volarán de nuestra cartera asociados a este uso.
  2. Como sabemos el coste estimado para nuestro caso concreto, el certificado energético incorpora una serie de propuestas de mejora para que el coste que nos supone sea menor. Las propuestas de mejora nunca deben ser genéricas. Son consecuencia de un análisis específico de nuestra vivienda, por lo que en cada casa habrá distintas posibilidades de mejora.

Certificación Energética

Todos hemos oído hablar de estos certificados energéticos. Sabemos algunas cosillas sueltas que hemos ido oyendo aquí y allá, como que se clasifican con letras que van de la A a la G, o que ahora para alquilar o vender una vivienda te obligan a tener ese papelito. Pero lo que realmente es importante tener claro es lo siguiente: si el análisis energético ha sido riguroso, las propuestas de mejora siempre van a repercutir positivamente en nuestro bolsillo.

Es cierto que suponen una inversión inicial, una inversión a corto plazo que, tal vez, no podamos permitirnos. Pero en caso de que finalmente ejecutemos la mejora, el ahorro está garantizado. Tan sólo debemos tener en cuenta cuál es el plazo estimado de amortización, es decir, a partir de cuándo va a empezar a compensarnos la inversión. Y pensándolo bien ¿quién puede permitirse no ahorrar dinero a día de hoy?